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Estimada Eva,

Me gustaría en primer lugar felicitarte a ti y a tu equipo por la ardua tarea que lleváis realizando desde hace tanto tiempo.

He conocido de vuestro trabajo por una muy buena amiga (no hay mejores amigos que los que te ayudan a crecer y comparten lo bueno y lo difunden).

Tengo treinta años, soy gallega, concretamente de A Coruña, y llevo más 8 años viviendo en Madrid. Tus sonidos no sólo me parecen geniales por aquello en lo que ayudan sino por su capacidad para transportarme a mi tierra, a mi familia, a mis raíces…

El primero de los sonidos que me he descargado ha sido el de la cueva del agua y desde luego conmigo ha funcionado muy bien desde los primeros minutos, pero quería comentarte una experiencia que he tenido con mis alumnas y este sonido.

Soy profesora de educación física en un cole y el viernes pasado, en mi clase los alumnos (2ş de la ESO, unos 13 años de media) estaban muy cansados de una semana de exámenes y según sus propias palabras estresados y algo tristes.

Decidí hacer con ellos un ejercicio de relajación que siempre me ha dado muy buen resultado, Lo aprendí en un curso de tai-chi hace años y lo practico con frecuencia. Consiste en colocarse de pie con los brazos caídos al lado del cuerpo y con una retroversión de cadera de modo que nos sintamos muy cómodos y descargados y con los ojos cerrados mecernos imaginando que somos un alga anclada (tipo espagueti de mar) al fondo de la mar movida por la corriente. La diferencia es que el viernes decidí poner el sonido de la cueva del agua a la vez que realizaban el ejercicio, simplemente les dije que era el sonido del mar, pero no les expliqué nada más.
Cuando terminó el ejercicio (unos 10 minutos después) sus caras habían cambiado completamente, estaban relajadas y sonrientes. Lo más curioso fue que al preguntarles cómo se sentía, además de relajados sus contestaciones fueron «feliz», «como si hubiese dormido un sueño muy agradable» y la más sorprendente «como si me hubiese estado abrazando mi madre».

Tras terminar la clase y sobre todo las niñas, se iban abrazando y se quedaban así un rato. No quise preguntarles ni decirles nada para que se expresasen libremente, pero esto me hizo a la vez sentirme muy bien a mi, no son niños que suelan expresar sus emociones de esta manera, todo lo contrario, son niños tensos y tendentes a la introspección y en una fase complicada de su maduración.

Quería compartir esto contigo y darte encarecidamente las gracias.
Un abrazo,

Miriam –

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